LA INCONFORMIDAD CIUDADANA CON LA IZQUIERDA Y LA DERECHA DESPIERTA EN EL ORBE
Autor: SERGIO ALEJANDRO RUEDA M. Abogado y Contador Público Especialista.
Publicado en : PÁGINA WEB
Fecha: lunes 18 de noviembre del 2019

No en vano las expresiones de inconformidad en el medio oriente a las que se les denominó como la primavera árabe que tuvieron génesis a comienzos de la presente década, con la inmolación del joven Mohamed Bouazizi el cuatro de enero de 2011 movimiento que se esparció desde Túnez hacia Argelia, Egipto y el Líbano en la cual participaron personas de diversa condición socio económica y religiosa , que veían con indignación las frustrantes condiciones de vida de sus familias a causa de las directrices de los organismos multilaterales, impuestas a sus gobiernos, que tradujeron altos precios de los productos básicos, la vivienda y el desabastecimiento generalizado.

Las huelgas y prolíficas marchas de la población fueron una manifestación autónoma de las gentes trabajadoras que desconocieron la voluntad de los mismos sindicatos de dichos países, proclives a los dirigentes políticos de entonces y que dio lugar como en un efecto dominó a la caída uno tras otro de 3 gobiernos, derrocados por la presión de la gran marejada ciudadana, que como en el pasado reciente en dos países Latinoamericanos, no necesitó de guerrillas o movimientos armados para conseguir el cambio de la dirigencia. Tal fue el en caso del Líbano cuyo parlamento expulsó del poder al gobierno de Saad Hariri y los movimientos populares derrocaron a Zine el-Abbidine Ben Ali en Túnez y en Egipto, a Hosni Mubarak sometido a proceso penal por sus excesos.

La falta de crecimiento económico, el enorme desempleo, la corrupción rampante en la administración de dichos estados y especialmente las más absurdas desigualdades sociales propiciadas por gobiernos dictatoriales y antidemocráticos que le dieron trato de serviles a sus propios ciudadanos, rebozó la copa y propició las grandes movilizaciones sociales.

Le ha correspondido el paso histórico a los países latinoamericanos concomitante con los sucesos de Hong Kong ciudad financiera del Asia, cuya población del mismo modo se ha volcado a las calles a rechazar las imposiciones Chinas y a exigir el respeto a su autonomía jurídica, fiscal y administrativa; otro tanto sucede en España con la región de Cataluña.

Chile, Bolivia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina y el Perú han presentado cambios de modelo unos de derecha a izquierda y viceversa; en otros el regreso a ideologías de corte eminentemente capitalista como en el Brasil y en Chile; mientras que en el caso Colombiano luego de un incipiente y desdibujado modelo neoliberal que tanto afectó a la población de estratos medios hacia abajo en los años 1991 a 2010, hoy no está claro hacia dónde se dirige el país político.

Ese despertar tiene asustados a quienes en la actualidad detentan el poder administrativo. Así lo demuestran los últimos resultados electorales sorprendentes y demoledores en Colombia, que dan cuenta como la ciudadanía ya no se deja influenciar por el discurso de la guerra y desea derrotar la corrupción, el mayor mal del país, sacando del ring a una parte de los diputados, concejales y aspirantes a las gobernaciones y alcaldías involucrados en escandalosos hechos; con el fin de que existan administraciones públicas regionales y locales más cercanas a las necesidades de la población y transparentes en todas sus actuaciones.

Para los latinoamericanos, ni la derecha, ni la izquierda le han servido para mejorar su nivel de vida. Ninguno de estos modelos permitió obtener el mejoramiento de su ingreso, ni una seguridad social digna, ni alcanzaron niveles de educación superior óptimos y de costos razonables, frente a su menguado ingreso. Tampoco han favorecido el acceso a puestos en las entidades del Estado a quienes no poseen palancas o dinero suficiente para mover influencias frente a las modalidades de ingreso a los empleos públicos, métodos establecidos por quienes logran el poder político y lo mantienen como feudos.

Se ha previsto marchar contra la malhadada forma de gobernar en favor solamente de la clase dirigente, de sus familiares y amigos más cercanos; dejando de lado las graves falencias en la salud pública, las dificultades de acceso a una educación de calidad, el desmejoramiento paulatino de la calidad de vida de los pensionados por la disminución constante de su capacidad adquisitiva en los últimos 10 años y en especial, por los hechos contrarios a la convivencia y a los acuerdos de paz firmados por distintos gobiernos; actitud que hoy se traduce en el escalamiento de la guerra en la que caen sin misericordia jóvenes, niños y niñas, hombres y mujeres de las clases sociales menos pudientes, en una vorágine desaforada como la sucedida en los años 60 de ingrata recordación en Colombia.

Hay que marchar? Claro que sí. Es la mejor forma civilizada de expresión democrática y participativa del elector primario, que ha vuelto a ser protagonista de las decisiones ciudadanas en un claro mensaje a los gobernantes y dirigentes de todo orden, para que el estado de cosas cambie en favor de las personas que conforman nuestra sociedad, sin distingo alguno. Derecho de primera generación que a voces de los Artículos 22, 24, 37 y 107 inciso 11 de la Constitución prevé que una parte del conglomerado social (no toda la ciudadanía), salga a manifestar la inconformidad relacionada con asuntos de orden económico, político, social y de la paz que le afectan.

Pero deber marcharse con respeto, sin causar daño a los bienes públicos o particulares, ni afectar las fachadas de comercios o entidades; hacer una protesta legítima, creíble y racional que no genere la resistencia de otros sectores igualmente afectados con las medidas gubernamentales, resultado de las equivocaciones del Legislativo, de la Administración Estatal y de las decisiones de una Justicia cuya credibilidad lamentablemente ha venido cayendo en el concierto nacional.

Esa rama que era el mayor activo de la moral Colombiana, fue permeada gradualmente desde sus más altos niveles con las prácticas políticas a causa de las reformas introducidas en la Constitución de 1991, cuyas consecuencias son bien conocidas por la opinión ciudadana.

Por lo tanto, a los empleados de la Rama Judicial urge mejorarlos en sus actuales condiciones locativas, de equipamiento, de estabilidad y clima laboral, para que sean tan eficientes como lo fueron los empleados judiciales del país, en la década pasada.

El nuevo milenio trajo consigo aires de renovación, pero la resistencia al cambio de quienes desean mantener el estado de cosas en su favor, se aferra a que no haya la transformación deseada por los pueblos del mundo.
Ni la derecha ni la izquierda han interpretado el querer ciudadano de un mejor devenir; por lo tanto, deben examinarse nuevas corrientes o modelos políticos, preferiblemente de centro, que escuchen ese clamor y administren con honradez y rectitud los bienes e ingresos públicos en favor de sus conciudadanos. Deseo que puede parecer utópico, pero posiblemente alcanzable, de lograr una sociedad más justa, respetuosa de los derechos y deberes inmanentes a los seres humanos civilizados y pensantes.

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Fuente: EL AUTOR y PRENSA INTERNACIONAL