LA VORÁGINE DE LA VIOLENCIA POLÍTICA DESDE 1960 Y LA PAZ EN COLOMBIA II PARTE
Autor: SERGIO ALEJANDRO RUEDA M. .
Publicado en : PÁGINA WEB
Fecha: miércoles 18 de julio del 2018

LA VORÁGINE DE LA VIOLENCIA POLÍTICA DESDE 1960 Y LA PAZ EN COLOMBIA II PARTE

Los últimos bandoleros mencionados al final de la primera parte, junto con desquite, resortes, tarzan, se convirtieron en desalmados asesinos de la inerme población de los departamentos del Valle, Tolima, Quindío, Santander, Norte de Santander y Boyacá únicamente cesaron la dantesca orgía de sangre, hasta caer muertos en operaciones militares entre 1963 y 1965. Desgracias, dolor, muerte y miseria fue el producto de tan nefandas épocas de la historia Colombiana.

La violencia política trastocó en nuevos movimientos organizados, pero con perfil marxista unos, leninistas y Maoístas otros y a partir de 1965 se inicia una época aún más sangrienta con un ejército rural nacido en Marquetalia, luego del bombardeo, la región del Pato y Casa Verde en el Tolima, que se denominó más tarde como las FARC con Manuel Marulanda Vélez (tirofijo) a la cabeza.

Para colmo de males en Santander y Arauca, por aquellas mismas calendas nació el ELN con la toma del Municipio de Simacota, guerrilla dirigida por Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino, y La Mona Mariela, y con ellos se repitió la historia de dolor y muerte que degeneró luego en otro gran pecado, los graves daños a ríos, quebradas y demás recursos naturales con sucesivos y demenciales atentados a los oleoductos del país; con la supuesta justificación del mejoramiento de las condiciones de vida de la población de menores ingresos; el reparto de la tierra a través de una reforma agraria y el desarrollo de la ciencia. Derroteros que jamás han logrado. En enero de 1974 Jaime Báteman, Alvaro Fayad Iván Marino Ospina, Rosemberg Pabón y Luis Otero Cifuentes, crearon al M19, como guerrilla urbana en respuesta de la pérdida electoral del General Rojas Pinilla, que inicialmente fungía con ideología castrist protectora de los pobres, pero luego mudó a un fin nacionalista, anti oligárquico de acciones espectaculares. Fue causante del mayor crimen de la historia, la toma del Palacio de Justicia de Bogotá (1985).

Las decisiones de Estado de los gobiernos de Guillermo León Valencia, Julio César Turbay Ayala, Virgilio Barco, Belisario Betancourt, y de Álvaro Uribe Vélez, atizaron el desconcierto ciudadano y la imagen internacional del país quedó menguada por las continuas y terribles masacres de inermes poblaciones; el holocausto de la Corte Suprema, los graves hechos atribuidos al paramilitarismo, a la guerrilla y en algunos casos por la ejecución sumaria de cientos de adolescentes, jóvenes y campesinos, a quienes se acusó de ser presuntos guerrilleros dados de baja en combate cuando según varias sentencias de la justicia, no hicieron parte de los grupos rebeldes en conflicto, ni fueron muertos en acciones de guerra propiamente dicha.

Como en la amnistía del año 1953 de Rojas Pinilla con las guerrillas liberales del Llano, la paz y el perdón de los espíritus fracasó al producirse el posterior asesinato de los acogidos, que reactivó el conflicto y una nueva generación de alzados en armas se lanzó a la barbarie; la paz concertada entre el presidente Juan Manuel Santos y los miembros de las Farc en noviembre de 2016, hoy esa concordia pende del respeto de los acuerdos y del cumplimiento de las obligaciones por ambas partes.

El niño de ayer hoy en el sexto piso de la existencia, hace votos al Ser Superior del Universo, para que esta genética del mal que nos acompaña como pesado lastre a los Colombianos, ceda por fin entre las extremas de derecha e izquierda y se consolide una paz racional y sería. Que los dirigentes y las colectividades, tenga talante histórico para que aquella vorágine de 60 años o más de guerra,los quinientos mil o más muertos producto del conflicto y a espaldas de todos los actores armados, no vuelva a repetirse en tan martirizada patria.

Irlanda, los Balcanes, Suráfrica, Gandi, Mandela, Luther King, son claros ejemplos que posibilitan un acuerdo definitivo, donde quepamos todos. Desarmando los espíritus, hallando la paz interior, haciendo que quienes tienen el poder de evitar la catástrofe o de volver a repetir hechos repudiables, entiendan que serán juzgados por el Tribunal de la historia, si son inferiores al mandato constitucional de la paz y a los más altos principios de humanidad y de moral cristiana.
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Fuente: Centro de Memoria H. Diario El Espectador y Otros